Recolectando algunos, preparo una cajita blanca, pequeña, donde colocar unas piñas de cedro, unas bayas de enebro y una hoja de haya.
Previamente, dibujo en la superficie con un lápiz, las líneas del paisaje que me sugiere el entorno en el que las hallé, y elijo los colores acrílicos que reflejen el entorno.
Intervengo en las piñas y en la hoja con un pincel fino para incorporar algunos de los colores empleados en la caja en los elementos vegetales.
El paso final, una vez enfriada la silicona, es dar suavemente una capa de goma-laca, que endurece la superficie y dota al elemento más frágil, la hoja, de una capa de barniz. Al aplicarlo hay que emplear un pincel adecuado, ya que la goma-laca no es soluble en agua y su utilización y limpieza requiere de ciertos cuidados, así como de un espacio ventilado. Una vez seca, nos queda un remate brillante y duradero, combinando pintura y pequeños frutos de otoño.
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